Últimamente con esto de que se acerca el paso a un nuevo año está muy de moda eso de hacer rankings o elegir el disco/libro/famoso mejor del año. Bien, yo tengo un top three de las cosas que suelo hacer cuando estoy triste. En el puesto número 3 está el comer conguitos, claramente. El segundo lugar lo ocupa caminar por la playa a media tarde, con los vaqueros remangados hasta las rodillas para que se mojen y se llenen de arena [ésto suena incomodísimo;de hecho, lo es, pero a mi me gusta igual]. Y el primero, como no podía ser de otra manera, coger mi pequeño coche e irme sin rumbo por las carreteras de al rededor de Madrid con la música a todo volumen.
Y hoy, durante mi travesía sin rumbo, me he dado cuenta de que la vida puede resumirse en un puñado de señales de tráfico.
Desde que tienes uso de razón puedes optar por seguir adelante pase lo que pase. De frente, sin contemplar más opciones. Un perfil que se corresponde con el del que, por naturaleza, es poco ambicioso o incluso perezoso. Y eso que la vida siempre -siempre- te facilita el huir de la rutina. Sólo tienes que buscar esas salidas. Aunque ésta también puede ser interpretada como los dientes de la Pantoja. Pase lo que pase, llueva lo que llueva. Cabeza alta.
A veces puedes, e incluso debes, contemplar otras opciones. Desviar tu camino. Es el aventurero, el insaciable o el que, simplemente, se ve obligado a girar a derecha o izquierda porque la vida misma le obliga a hacerlo. Sin contemplaciones ni anestesia. Ahí va eso. Y te aguantas. ¡Ah! No olvides aplicar la primera señal. "Dientes, que es lo que les jode".
Y, hagas lo que hagas, también puedes optar por mirar atrás. Volver. En ocasiones volver significa retroceder. En otras, recuperar. Muchas veces es complicado discernir. Elegir.
Antes o después, si tiendes a aventurarte y a arriesgar, es posible que caigas ante ésta. Es una señal... jodida. Así que enciende las luces. Abre bien los ojos. E intenta valerte por ti mismo... Sé que es difícil; así que, aunque tardes en salir, no te preocupes. Mientras, tendrás diferentes opciones que bien pueden paliar el dolor de la oscuridad:
a) El invento de Antonio Meucci (que no de Bell) al que, por cierto, llamó teletrófono, que, por otra parte, mola más. Al otro lado, siempre habrá una Marta para escucharte. Si no tienes una Marta, te aconsejo que busques pronto una. Es importante. Es más, es vital.
b) Una mezcla de hidrocarburos derivada del petróleo en forma de inyección de, por ejemplo, 'sopa juliana' conseguirá que, por lo menos, te des cuenta de que la vida está hecha de pequeñas cositas que harán que la segunda señal parezca que está cada vez más cerca. Por lo menos, un poquito.
c) Los conguitos. Por supuesto. Aunque comer Ferrero Rocher por capas también es otra buena opción. En casos extremos, puedes, e incluso debes, recurrir a la casa Haagen Dazs o, en su defecto, Ben & Jerry's. Eso, a gusto del deprimido.
d) Y, ya que estás en el tunel, aprovecha y haz reflexión de conciencia. Arréglate.
Porque siento decirte que, al final, si no es por tí mismo no podrás conseguir avanzar, vivir, curarte... Salir...
Poco a poco, con mucho esfuerzo...
con muchísimo valor...
y poniendo las ganas de vivir por encima de cualquier otra cosa...
LO CONSEGUIRÁS
No lo olvides.
Ni ésto:
[Despedida del programa de hoy. Sí, se me ha ido la olla...]
En hebrero su nombre quiere decir Mateo. Tiene 29 años y vive en los Estados Unidos. Es judío y en sus canciones mezcla el reggae con el rap. Una mezcla extraña, pero suena muy bien. Conocí a Matisyahu hace poco gracias a las recomendaciones musicales del que más sabe del tema en Madrid Ahora: Fran Guillén. Como esta versión de Message in a bottle de The Police. Llevo todo el día con ella en bucle. Quizá porque me guste la música, quizá porque me sienta algo 'an island lost at sea'. O puede que un poquito por las dos cosas...
Siempre empiezo el programa en vacío "robándole" palabras a otros. Lo que significa que, previamente, hay una búsqueda de las palabras que más me puedan convencer. Pueden estar relacionadas con el programa. Pueden querer decir algo que yo quiera chillar. O simplemente las digo porque sí. Porque me gustan.
Hoy he ido a parar con un médico mejicano, Miguel Ruíz. Éste escribió una cosmovisión basándose en la sabiduría de los antiguos nahuales quienes, por lo que he investigado, eran las formas de animales que tomaban los dioses de las culturas maya, azteca y tolteca, para interactuar con los humanos. Y esta cosmovisión, según el doctor, es la que debería tener todo ser humano para alcanzar lo que los Piratas creían que era imposible: el equilibrio. Un equilibrio personal, teatral, diferencial, emocional, mental y social.
"No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ningun razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento"
Es la introducción a su ensayo en el que habla de los cuatro acuerdos que tendríamos que cumplir para lograr ese equilibrio:
Sé impecable con tus palabras
No te tomes nada personalmente
No hagas suposiciones
Haz siempre lo máximo que puedas
Piensa en cada una de esas frases. Y dime, ¿no estás de acuerdo?
Hoy, sintonizando la radio, me he acordado de una conversación finales de noviembre, pero de 2007.
«Diossss, qué temazo. Venga va, póntelo y así te pones en situación. Te relajas, disminuye tu estrés. Es la canción del buen rollo. No puedes estar de mal humor con ella. […] Mira, vamos a hacer lo siguiente: te pones la canción desde el principio, cierras los ojos y mueves la cabeza a los dos lados. Te dejas llevar por la música y, cuando termine, los abres. Mientras te escribo la opinión y así cuando los abras estarás sonriendo y lo que te ponga te sentará mejor...»
Tenías razón, sigue siendo un temazo. Pero esta vez no ha funcionado... Supongo que el éxito también depende de la persona a la que veía al abrir los ojos...
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar. Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.
¿Qué hay entre la pasión y la rabia? ¿entre la comprensión y el agotamiento? ¿entre los hoyuelos y las lágrimas? ¿entre la fuerza de voluntad y la dejadez? ¿entre la alegría y la tristeza? ¿entre el acercamiento y el orgullo? ¿entre el cariño y la indiferencia? ¿entre la certeza y la duda? ¿entre el avance y el retroceso? ¿entre la ilusión y la desgana? ¿entre la estabilidad y el desequilibrio? ¿entre la confianza y la incredulidad? ¿entre el piropo y el mal gesto? ¿entre el optimismo y el pesimismo? ¿entre lo interesante y el aburrimiento? ¿entre la añoranza y la costumbre? ¿entre el amor y el olvido? ¿entre la vida y la muerte?
Un soplo.
La vida es un soplo, tras otro, y otro... y otro más.
Y, a veces, aunque lo intentes, aunque vaya en contra de tu voluntad, no puedes hacer nada por evitar que existan todos esos soplos.
¿Qué hay entre la lucha y la resignación? Un maldito soplo.
Aún así, es preferible decantarse por ir contracorriente.
En un pequeño bar de Hollywood llamado 'Jack's Sugar Shack' en muchas ocasiones se esucha una mezcla de jazz, pop y tex-mex que tiene nombre propio: The Harry Dean Stanton Band. El que hiciera de agente del FBI en El Padrino II y acompañara más tarde en el reparto al increíble John Coffey en La milla verde, da nombre a una banda en la que, por pura afición, toca la guitarra.
Mucho antes, un grupo de chicos escoceses decidieron cambiar el que hasta entonces había sido el nombre de su banda, uno de los temas de The Beatles -Glass Onion-, por el que fuera el papel protagonista de Stanton en París, Texas.
Hay quienes dicen que abrieron el camino a bandas como Coldplay o Keane, pero Travis no suena tanto en las radiofórmulas. Al menos no tanto como Viva la vidao Everybody's changingy eso que estas bandas, sobre todo la primera, probablemente sepan que fue un bache de Travis el que, por así decirlo, les "echó una mano" para dar el gran salto al panorama musical. Pero, como en todo, el público decide.
Sin embargo, yo hoy, antes de dormir, decido quedarme con ellos. Mi padre dice que la música no ha de gustarte por las letras sino por eso, por la música. No estoy del todo de acuerdo porque, en días como hoy y con canciones como ésta, me decanto un poquito más por la letra...
“Después de un tiempo, (…) uno aprende que los besos no son contratos los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes...y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.
(…)
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos,sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
(…)
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados,y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas. Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
(…)
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
(…)
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante