En una de las siete colinas sobre las que se fundó la ciudad eterna existe un lugar cuyo encanto se centra única y exclusivamente en el agujero de la cerradura de una puerta. A través de ese piccolo buco, se ve el que quizá sea el mayor tesoro de Roma; que, sin embargo, no pertenece ni a la ciudad, ni tampoco a los italianos. Nadie puede atravesar esa puerta y ningún objetivo es capaz de captar lo que sólo la facultad de admiración humana puede realmente apreciar.
Al ser humano, por lo general, pueden sorprenderle muchas cosas. Pero, quizá, las que más valor tienen, son aquellas que suceden cuando menos te lo esperas. Aquellas que no miran el reloj mientras te decides a abrir la puerta después de llamar, sino que arramplan sin más. Esas cosas, esos momentos, pueden llegar a cambiarte la vida. O pueden ser simplemente algo que te haga sonreír o llorar. Una anécdota más que la rutina se encargará de normalizar. Sea como sea, todas y cada una de esas cosas, dejan, de una manera u otra, una pequeña, o gran, huella en nuestras vidas. No se pueden planear. Ni puedes prever que sucedan. Es la gracia de nuestra existencia. A veces, las cosas, suceden sin más. Y uno no puede hacer absolutamente nada por evitarlo. Puedes sentir impotencia y desesperación. O puedes, simplemente, amoldarte a la nueva situación, y, como no, decidir en consecuencia. Porque siempre podemos decidir. Siempre podemos intentar cambiar las cosas.
Cuando menos te lo esperas, descubres en el agujero de la cerradura de una puerta la mejor vista de la cúpula del Vaticano. Y, del mismo modo, cuando menos te lo esperas la vida puede ofrecerte otra sorpresa, otra oportunidad... o, simplemente, otra forma de empezar a ver el mundo a través del agujero de la cerradura de tu puerta.
domingo 13 de septiembre de 2009
El agujero de la cerradura de tu puerta
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3 comentarios:
Que alegría que hayas vuelto!
Mirando las cosas pequeñas es como se aprecia mejor las cosas grandes :)
Sin cosas inesperadas, la vida no tendría sentido.
Hace un par de días, investigando sobre mi película fetiche ("Los amantes del Círculo Polar"), leí que sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla.
Un beso.
PD: Por fin has vuelto :-)
Qué alegría que hayáis vuelto tan rápido a seguirme la pista :)
Me encanta ese descubrimiento a raíz de la investigación de ese peliculón, me lo anoto :)
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