sábado 26 de septiembre de 2009

Balín

Hay quienes se desprenden con muchísima facilidad de las personas y sin embargo les cuesta desprenderse de un objeto. Los hay que van al contrario. A algunos parece que les da igual hacerlo de una cosa que de la otra. Yo, sin embargo, soy de las que le cuestan las dos. Así acumulo mi cuarto de mierda. Y me desbordan los papelitos y las cosas inútiles que terminar por provocarme ataques de alergia. Pero en fin... Soy así. Hoy me ha tocado despedirme de mi pequeño escondite de los ultimos cinco años... Y hasta que no he montado en el nuevo, no me he dado cuenta de lo muchísimo que voy a echarlo de menos. Bueno... Supongo que encierra demasiadas cosas. Demasiadas. Es el lugar que siempre quise para estar sola, donde nunca dejé de encontrarme cómoda, que me ha visto reír, llorar y las dos cosas a la vez. Es mi coche. Era mi coche. Ya ves tú qué tontería. ¿Cómo se puede echar de menos un coche? Pues sí, yo lo voy a echar de menos. Pero es para mejor. Sé que es para mejor. Como tantas otras cosas, ¿no?






2 comentarios:

Marcos Ortega dijo...

sabemos q no es solo un coche, es tú rincón personal y puede que encierre mas sensiblidad q tu propio cuarto...

Anónimo dijo...

Mmmmm, ¿echar de menos un coche? ¿y encima haberlo tenido durante 5 años (ni más ni menos)? ¿un lugar donde sentirse cómodo y que guarda grandes experiencias, buenas y malas?

No sé por qué pero todo eso me suena... un poquito...

¿El tuyo tenía nombre? Porque el mío sí, y no habrá otro igual... nunca.

Uk