miércoles 17 de septiembre de 2008
martes 16 de septiembre de 2008
'Guapita'
Nunca me he considerado una chica guapa. De hecho, creo que si no fuera por el color poco común de mis ojos, nadie diría que tengo unos rasgos fuera de lo normal. Pero éstos han hecho posible que, por curiosidad o admiración, alguno que otro (u otra) se haya quedado mirándome a la cara y haya soltado un "menudos ojazos" o, simplemente, "qué chica tan guapa". Es de bien nacido ser agradecido, por lo que nunca me ha molestado que me miren y mucho menos que me piropeen.
Hasta hoy.
Esta mañana he tenido una tutoría de corrección de examen al que he acudido con mi amigo Miguel. El profesor (al que desde ahora y hasta el final del relato llamaremos, simplemente, Gilipollas) no se ha cortado un pelo y ha considerado justo decir que, si fuera nuestro padre, no nos dejaría trabajar puesto que "ahora estáis para estudiar, o ¿es que os creéis que por trabajar ahora váis a ser millonarios?" y también quiso resaltar que, si la explotación laboral en el mundo del periodismo existe, "es porque vosotros mismos os dejáis que os exploten"*.
Gilipollas añadió que si no queríamos estudiar Periodismo, que hicieramos Veterinaria. Yo le contesté que el problema no era ese, porque mi pasión es el Periodismo y no pienso en hacer otra cosa, pero que simplemente en esta Facultad la preocupación de los profesores no es, ni mucho menos, que sus alumnos aprendan algo. Gilipollas decidió explicarme los orígenes del término "pasión" para escucharse a si mismo durante un largo rato. Para encantarse, vamos.
Yo decidí desconectar y mi amigo Miguel me miraba con pánico pensando que, quizá, seríamos los titulares de la prensa de mañana Muere profesor a manos de una enloquecida alumna de 5º de carrera. Respiré. Apreté los puños contra la carpeta y pensé "venga, te queda poco para dejar de escucharles a todos".
Hasta ese momento
"Las mujeres que consiguen trabajo en esta profesión son las 'guapitas' y ya sabemos por qué"
Gilipollas deja de mirar a Miguel para clavar sus ojos en los míos durante una milésima de segundo.
Respiro
Cuento hasta 10...
Respiro
Una sonrisa más
Un agradecimiento más
Salgo del despacho
Cierro la puerta
Y recuerdo que una vez leí que la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia porque la inteligencia tiene sus limites y la tontería no.
(*) Que me perdone alguno por si no entrecomillo bien mezclando estilo directo e indirecto, pero es que falté a las clases de estilo de 5º porque pensé que era más importante velar por mi futuro haciendo prácticas. ¡Ah no! Perdón, si el estilo directo e indirecto lo aprendí a utilizar bien cuando empecé a trabajar en Europa Press. Discúlpeme, Gilipollas, un lapsus, a veces intento convencerme a mi misma de que estos 5 años escuchando a gente como usted sirvieron de algo, pero no, no sirvieron de nada.
domingo 14 de septiembre de 2008
martes 9 de septiembre de 2008
La constancia
Hay personas que han venido o vinieron al mundo para ser admiradas por los demás. Para enseñarnos valores o reforzar los que ya teníamos. Para que comprendamos la inmensidad del regalo de vivir. O para, con sus palabras, recordarnos grandes verdades que nunca jamás deberíamos olvidar. Muchas son las cosas que dijo o nos recordó la Madre Teresa de Calcuta. Entre ellas, aquello de que, para hacer que una lámpara esté encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite.
La constancia, vista ésta como perseverancia en las resoluciones, en los propósitos y en las acciones, es, según un político italiano, el complemento indispensable de todas las demás virtudes humanas.
En sí, es también una virtud. Y las virtudes, como tales, pueden ser genéticas o adquiridas. Sea como sea, ésta es una virtud cuyo beneficio, personal y social, es que todas las cosas dan su fruto. Ya lo decían los griegos, sabios ellos, que, si añades poco a lo poco y lo haces así con frecuencia, pronto llegará a ser mucho.
Además de ser complemento de las virtudes, puede también serlo de los defectos. El cabezón, por ejemplo, es constante. Y, al final, consigue de poco, mucho; y de todas las cosas, su fruto. Tirando de refranero español, diremos que el constante cabezón es aquel que piensa que a la tercera va la vencida e, incluso, muchas veces, va más allá de la tercera. La cabezonería entonces, complementada con la constancia, también es una virtud.
No viviría como vivo, si la constancia no formara una parte importante en mi vida: tanto por lo que soy, como por lo que son aquellos que me rodean. Constantes. GRACIAS
martes 2 de septiembre de 2008
Un rincón
Todo el mundo tiene rincones favoritos. Esos sitios donde estarías callada sin necesidad de nada ni de nadie durante horas. Éste, es uno de los míos.
Habría cogido un vuelo esta misma mañana y me habría plantado allí. Recorrería esas pequeñas callejuelas donde el olor a pizza e focaccia se mezcla con los ruidos dei motorini y llegaría hasta este punto. Éste, y no otro. Te encantaría. Es verdad que a cualquier hora es impresionante, pero a partir de las diez de la noche es otra historia... Los guiris están durmiendo porque llevan desde las siete de la mañana en pie para hacer cola y poder recorrer los Museos Vaticanos y desembocar en la Capilla Sixtina, escuchar largas explicaciones de "pedruscos" que un día fueron grandes templos nei Fori Imperiali o subir hasta la Croce di Malta para asomarse por un agujerito. Así que puedes disfrutar del ambiente en todo su esplendor.
Te juro que no sé que es lo más especial. Quizá el hecho de encontrarme en un pronaos bajo dieciséis columnas cuya altura supera los 14 metros. Además no son dieciséis columnas cualquiera. Si vinieras conmigo intentaríamos rodear una de ellas y verías como no conseguiríamos agarrarnos bien las manos. Y te contaría que, para construirlo, los grandes emperadores romanos trajeron granito rojo desde Egipto y mármol pentélico desde Grecia. El bronce fue otro de los materiales importantes... recubría toooooooodo el techo del pórtico. No sé de donde provenía el bronce, pero terminó fundiéndose en 1625 por orden del Papa Urbano VIII Barberini para que Bernini construyera el Baldaquino de San Pedro y los cañones del Castel Sant' Angelo. Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini (Lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini). Eso decía el pueblo romano. Siempre me ha encantado contar esa historia a todos los que he llevado allí. Tampoco me preguntes por qué. Me gustan los entresijos de los emperadores romanos, los papas y los reyes. No tanto como la Segunda Guerra Mundial, pero me gustan. Y precisamente este rincón fue templo consagrado a todos los dioses, donado más tarde al Papa Bonifacio IV para ser consagrado a Santa María de los Mártires y, más tarde, convertido en Panteón de los reyes de Italia.
Ya dentro, tiene la cúpula más grande que se haya realizado jamás, uno de los materiales con que fue construida es la piedra pomez. Siempre me hizo gracia. Ya ves, qué estupidez. No ha habido vez que no me haya dislocado el cuello de tanto mirar hacia el óculo. Es impresionante.
Aún así, yo prefiero quedarme fuera. Justamente ahí, sentada.
Algunas parejitas y grupos de amigos - suelen ser los guiris nocturnos - cenan en las terracitas cercanas, degustano un buon piatto di pasta y ascoltano un concertino per violino che non avevano richiesto. Los romanos pasean vociferando o carcajeando. Son muy escandalosos. Estoy convencida de que te gustaría mucho.
El suelo está frío. Es lo que tiene el mármol. Como la mejor época es abril (como en la foto) o septiembre, lo ideal es acompañar el silencio - mi silencio- con algo todavía más frío: un gelato di fragola, banana, mandarina e cioccolato con un po' di panna (¿te estás preguntando si caben todos esos sabores? Es Italia, créeme: caben).
El suelo está frío. Es lo que tiene el mármol. Como la mejor época es abril (como en la foto) o septiembre, lo ideal es acompañar el silencio - mi silencio- con algo todavía más frío: un gelato di fragola, banana, mandarina e cioccolato con un po' di panna (¿te estás preguntando si caben todos esos sabores? Es Italia, créeme: caben).
Ya está. No necesito nada más...
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La vuelta al mundo
lunes 1 de septiembre de 2008
A ti, posible futuro estudiante de Periodismo
Mi madre es profesora. Me dio clases en 4º de EGB. Todo aquel que ha escuchado el principio de esta etapa de mi vida piensa: "¡qué chollo! ¿no?" Pues no. Mi madre me daba clases de todas las asignatura, excepto: Inglés, Gimnasia, Música y Religión. Era la primera en enterarse de que había sustuido el estudio del aparato digestivo por el apasionante mundo de la Barbie o el aprendizaje de las coordinadas y subordinadas por jugar a la comba en el patio o ver Grease a escondidas en casa de alguna de las niñas de clase. No hacía falta que la profesora llamase a mi madre para decirle que "no había hecho los deberes". Ella misma podía constatarlo: "Carmen, al encerado". No podía llamarla mamá. Era "profesora". Y sus compañeras, mis otras profesoras, se encargaban de decirle todo lo que hacía mal, y obviar todo lo que hacía bien. Qué majas ellas.
El profesor es el ser más odiado de cualquier persona entre los 13 y los 23 años (en algunos casos ese odio comienza mucho antes; y, en otros, desgraciadamente, se prolonga hasta mucho después). Y la combinación: profesor + madre + 8 años, os aseguro que, para nada, contribuye a mejorarlo (el odio, digo).
Nunca me han caído bien mis profesores (salvo excepciones, gracias a Dios). Mi madre tampoco - como profesora, claro -. Pero si tuviera que analizar en conjunto los profesores que menos he soportado, esos serían, sin duda alguna, los de la carrera.
Los profesores de la carrera son como las palomas. Habría que aniquilarlas a todas. Total, no sirven para nada más que para cagarse allá donde les plazca. Y, determinados profesores, están delante de una pizarra para que todos los alumnos que están "escuchándoles" sientan la ferviente necesidad de "cagarse" en el momento en que esos individuos decidieron dedicarse a la enseñanza.
Más del 90 % de los profesores de mi Facultad son, sin duda alguna, aniquilables.
Cuando un profesor, dicho vulgarmente, TE PUTEA, todo el mundo se pregunta ¿POR QUÉ? Tiendo a pensar que sólo alguien que está amargado, que no siente aprecio por vivir ni, por lo tanto, por hacer un poquito más llevadera la vida de los demás, que no es humano porque no sabe comprender las circunstancias de la vida y de las personas, que sólo le importa vomitar año tras año un discurso absurdo, cargado de palabrería barata (y encima, repetido, menuda vergüenza), por cobrar un sueldo que pagamos entre todos y que a ninguno le sale rentable... sólo alguien así puede regocijarse en su "profesionalidad" y dormir tranquilo, o tranquila, después de haber bien jodido a los que están a su al rededor.
Si TÚ, JOVEN, ILUSIONADO E INQUIETO ESTUDIANTE, entras en este blog, lees ésto y estás pensando hacer esta carrera, Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información (Complutense de Madrid)... que sea porque te apasiona lo que harás después. Porque mientras, durante 5 años, estarás obligado a soportar a todas esas palomas y palomos, y a estudiar apuntes, libros y documentos audiovisuales (¡já!) que no te servirán ABSOLUTAMENTE para NADA más que para satisfacer sus egos y, en un futuro, rellenar un "puf" o acumular polvo en las estanterías de tu cuarto. Haz prácticas (¡porque, recuerda, en esta Facultad es una palabra tabú, un concepto inconcebible, una palabra no incluida en los Estatutos del Decanato!). Nunca te posiciones ideológicamente si el palomo o paloma que tienes delante piensa diferente a ti. Aprende de los que saben y quieren enseñar de verdad. Y piensa que, desgraciadamente, todo eso lo necesitas para tener un maldito título. UN PUÑETERO TÍTULO.
Y qué a gusto me he quedao...
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