Sea como sea, cualquiera de nosotros se habrá visto, alguna que otra vez - o más bien diría que muchas veces-, ante un reto. Mayor o menor, pero todos ellos retos. La superación o el logro de esos retos define nuestras vidas y, en ocasiones, incluso las cambia por completo. Y no me refiero a conseguir instaurar la muralla china en la playa de Tambo ni dar con el sistema perfecto para rebañar yogures sin cucharas... Me refiero al resto. Todos esos retos, esos lugares, posiciones, estados emocionales, proyectos o personas, enmascaran la búsqueda real de felicidad (in the pursuit of happiness).
jueves 6 de noviembre de 2008
Philippides, Churchill... y yo
Prácticamente la mayoría de nosotros nos encontramos alguna vez con un empeño o una tarea, en ocasiones difícil de llevar a cabo, que, precisamente por esa pequeña cualidad, constituye un estímulo y un desafío para quienes lo afrontamos. Si no ha sido intentar que el agua no arramplara con las murallas de nuestro estupendo castillo de arena decorado con curradísimos "churritosdearenamojada" o intentar terminarse un yogur sin cuchara apretándolo desde abajo, puede que quizá nos propusiésemos alcanzar determinados lugares, posiciones, estados emocionales... o personas. Si, a veces las personas también son una tarea difícil de llevar a cabo.
Sea como sea, cualquiera de nosotros se habrá visto, alguna que otra vez - o más bien diría que muchas veces-, ante un reto. Mayor o menor, pero todos ellos retos. La superación o el logro de esos retos define nuestras vidas y, en ocasiones, incluso las cambia por completo. Y no me refiero a conseguir instaurar la muralla china en la playa de Tambo ni dar con el sistema perfecto para rebañar yogures sin cucharas... Me refiero al resto. Todos esos retos, esos lugares, posiciones, estados emocionales, proyectos o personas, enmascaran la búsqueda real de felicidad (in the pursuit of happiness).
Sea como sea, cualquiera de nosotros se habrá visto, alguna que otra vez - o más bien diría que muchas veces-, ante un reto. Mayor o menor, pero todos ellos retos. La superación o el logro de esos retos define nuestras vidas y, en ocasiones, incluso las cambia por completo. Y no me refiero a conseguir instaurar la muralla china en la playa de Tambo ni dar con el sistema perfecto para rebañar yogures sin cucharas... Me refiero al resto. Todos esos retos, esos lugares, posiciones, estados emocionales, proyectos o personas, enmascaran la búsqueda real de felicidad (in the pursuit of happiness).
Es por eso que los retos conllevan una irremediable sensación de vértigo, de mareo. Y, por supuesto, de miedo. El problema es cuando te mareas, te mareas y te mareas... y después el vértigo y el miedo pueden contigo. La ilusión se mezcla con el temor de no estar a la altura; las ganas de experimentar se contraponen al agobio de no saber por donde empezar; y la felicidad de poder hacer todavía más de lo que te gusta se ve abrumada por la inseguridad de carecer de un colchón por si te caes.
Entonces, como decía un escritor francés, olvidamos que nuestra única meta es vivir y que vivir lo hacemos cada día y que en todas las horas de la jornada alcanzamos nuestras verdadera meta si VIVIMOS... Los días, dice, son frutos. Y nuestro papel es comerlos.
El reto de Philippides era correr durante 40 kilómetros para llegar a tiempo a Atenas y avisar de la victoria del ejército contra los persas. Lo consiguió. Llegó a tiempo antes de las 24 horas previstas para que mujeres y niños se quitaran la vida antes de verse saqueados, violados y asesinados por el enemigo. La dificultad de los retos entraña peligro. Y, aunque no entrase dentro de sus planes, Philippides murió nada más dar la noticia. A cambio, su reto, su logro, pasaría a la historia.
Por su parte, Winston Churchill no consiguió el reto que se propuso en 1945 y perdió las elecciones ante Atlee. A pesar de eso, su ejemplo y 'carrete' durante la guerra lograron unir a su pueblo cuando los nazis bombardeaban la capital de su país y otras ciudades del Reino Unido. Todo ello porque, como él mismo afirmaba, el optimista ve oportunidad en cada peligro; mientras que el pesimista ve peligro en cada oportunidad. Arriesgó, no ganó. Pero dio grandes lecciones al mundo y ayudó al giro del transcurso de la historia.
Por la mía, he dejado la agencia. Y el informativo. Me vuelco en un experimento, un proyecto. A partir de ya 'Madrid Ahora' se prolonga una hora más en parrilla, hasta las siete de la tarde, y yo sigo al frente. Dirigiéndolo y presentándolo. Confían en mí. Y yo no voy a hacer historia, ni dar lecciones al mundo. Sólo quiero superar los mareos, el vértigo y el miedo.
Supongo que, al fin y al cabo, la clave está en pensar en las posibilidades de cada uno y no en sus limitaciones. En, nuevamente, luchar por las cosas que quieres.
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4 comentarios:
Mucha suerte Carmen!. Has hecho lo mejor que tenías que hacer al dejar la agencia. Que exploten a otro...
Te veo en la Latina!!!
Reto y lucha. Demasiado difícil.
Carmencilla!!!!! Como la suerte huelga desearla y aptitudes tienes de sobra, únicamente disfrútalo, sal ahí fuera y demuestra al mundo de qué pasta estas hecha!!! jajajaja.
Muchos besos y a seguir evolucionando. No hay reto dificil, sino actitudes erroneas.
Me alegro mucho de esta oportunidad y siempre hay que dejar de lado algo cuando elegimos, es ley de vida, pero sin elecciones y sin cambios, la vida no evoluciona.
Fuera vérigos, no creo que no estés a la altura, es más, en este mundo tan complejo y mercantilista, si no hubieras estado a la altura ya te lo hubieran dicho :)
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