jueves 12 de junio de 2008

Colorear un huevo





Ser pequeña es un chollo. O no.



Hace 17 años las caídas eran físicas. Como mucho te rompías los leotardos y terminabas con un pequeño rasguño o un esguince (algún día os hablaré de mis siempreconstantesesguines). Eso sí, en tu vida de canija de 5 años eso era un verdadero drama (no hay más que verme, a mi lado cualquier actriz dramática de renombre es una aficionada). Como habéis visto a mi no me levantaban. No es el único video en el que mi padre sigue grabando y chilla "levantate Carmencita". Y yo, me levantaba. Muy digna.



Además de las caídas de telenovela, mi mayor problema en la vida era poder colorear un huevo en un libro. Un huevo en un libro. Como bien decía mi padre "un huevo es blanco" pero yo era así. Quizá lo siga siendo. Yo quería pintar un huevo en un libro. Lo quería ya. Y era lo que más me preocupaba. Quería mi libro. Y todo era porque, como decía Bruyere, los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente. En ese momento yo quería gozar del presente y del placer de pintarrajear un huevo aunque a mi padre o a quien fuera le pareciera extraño o ilógico.

Después de 17 años las caídas, a no ser que os pase como a mí que soy una inepta sobre los patines, tienden a ser psicológicas. Incluso antes de los casi 23. Uno puede caer en picado por la mayor de las desgracias, o por la más estúpida de las banalidades. Probablemente la más idiota de todas ellas sea precisamente el dejarse irremediablemente caer. O lo que es lo mismo: no gozar del presente. Como Bruyere mismo concluía esa frase cosa que rara vez nos ocurre a nosotros. Normalmente uno se deja caer por no querer ver que no sólo debes, sino que puedes mantenerte en pie (y con la cabeza alta, que no es moco de pavo).

Ser pequeña es un chollo

Las preocupaciones no sólo son estúpidas (¡digo dramáticas!) sino que nuestro cerebro actúa como la opción Vaciar de la Papelera de Reciclaje. Al día siguiente yo no me acordaba del disgusto de no poder coger un libro para pintar un huevo. Tampoco recordaría el dolor de la caída durante más de dos o tres días. Las caídas con más años, pueden incluso pesar en nuestro corazón o en nuestra cabeza durante décadas. Los disgustos pueden abrir heridas que no sólo tardan en cicatrizar, sino que quizá nunca lleguen a cerrarse.

Cuando eres niño estás constantemente protegido física y psicológicamente. Los niños son más fuertes. Y si no lo son, siempre estarán bajo el manto protector de papá o de mamá. Si no llegas, te lo alcanzan; si te caes, te levantan.

Los niños no piensan, actúan. Los niños no sienten remordimiento, ni pena, ni angustia, ni decepción (más allá de la que supone pensar que a ti “no sólo no te dan dos, es que no te dan ni uno” si lo sé, estoy traumatizada porque en mi casa no había ni petit suise ni sucedáneos…), ni frustración, ni desesperación, ni ahogo, ni ganas de desaparecer, ni infelicidad… Los niños sonríen por naturaleza. Y no les hace falta un por qué.


O no.

Los niños no toman sus propias decisiones, no eligen, no "pueden". Archiconocida para todos aquella absurda conversación:

- ¿Y por qué ella puede y yo no?
- Porque ella es mayor
- ¡Yo ya soy mayor!
- No, tú todavía no

Los niños no se equivocan y aprenden. Los niños no quieren igual. Quizá sea mejor porque su querer es incuestionable. Pero, en definitiva, no quieren igual. Los niños no son capaces de razonar que te estás dejando caer. No son capaces de frenar y volver a subir. No son capaces de decir “he vuelto, y no pienso moverme de aquí”.


Por ahí leí alguna vez, que cuando éramos niños agradecíamos que nuestros calcetines por Navidad estuvieran llenos y que, entonces, ¿por qué no agradecer a Dios que llenara nuestros calcetines con nuestros pies? Agradecer a Dios que estás viviendo. Y gozar.

Por cierto si os cabía alguna duda… Conseguí mi libro.




La Carmenquecoloreabahuevos y la CarmenqueescribechorradassinsentidoporInternet tienen en común el luchar por las cosas que quieren por muy absurdas e inexplicables que parezcan a los ojos de los demás. Desde entonces hasta ahora ha habido momentos en los que se les olvidaba. Pero para eso está el Jefe, para tenderles aguja e hilo y que ellas se zurcieran el calcetín.

6 comentarios:

Marcos Ortega dijo...

Muy bueno el vídeo... Los niños son geniales, estuve trabajando en una guardería un verano y aprendí más allí que en todo el curso. Todos deberíamos ser más niños y dejar de decir adulteces coo dice mi amiga Mafalda

Pablo dijo...

Quiero mis librooooooooos

Marcelo dijo...

Me gustaron varias cosas
- Haberte leído primero, y luego verla filmación
- Haberte visto de niña
- Haber conocido esa frase magnífica de Bruyere
- Tu eres dueña de la mitad de lo que escribes, la otra mitad es de quien te lee. Y no he visto chorradas sin sentido por aquí!

Txïo [ 悲しい 瞳 の 女 ] dijo...

Ostras, Pedrín. Qué post más cojonudo. Tremendo el vídeo (ya entonces se te veía con carácter, y qué riquina eras... y eres, jaja), y chapeau por tu escrito. Así, con mayúsculas. CHAPEAU.
Me alegró verte ayer :-)

Diego García dijo...

Curioso. Toda la tarde buscando cosas con las que entretenerme con tal de no estudiar... y tu blog es la única de todas esas cosas por las que realmente siento que ha merecido la pena haber perdido el tiempo de estudio.
He sacado varias conclusiones. La primera de ellas es que de pequeña tenías la misma cara que ahora jeje, qué graciosa. El video me ha encantado, ojalá tuviera yo digitalizados en video algunos momentos de mi infancia, como aquél en el que crucé la calle y después miré a ver si pasaban coches... por si acaso (la seguridad ante todo).
Por cierto, esa idea de si ser pequeño es un chollo o no, es algo en lo que llevo meses pensando. Mi conclusión es que no querría ser pequeño otra vez. Para mí la base de la vida son los sentimientos: el de una tarde sin nada que hacer, el de mirar por la ventana cómo llueve, el de la canción que llega en el momento justo del día o de tu vida, el de despertar a miles de kilómetros de casa, el de sentir que en ningún otro lugar estarías mejor... En eso, nuestra edad es mucho más "disfrutable" que cuando eres niño/a. En la infancia todo pasa demasiado rápido y nunca puedes disfrutar por completo, seguramente porque de niño/a casi nunca puedes llegar más allá. No puedes pintar un huevo si no te traen el libro, no puedes ir a Cádiz a ver a los primos... Creo que la base de todo está en la libertad y sobre todo en lo lejos que puedes llegar a mirar... y yo ahora puedo mirar más lejos que hace 17 años.
Un beso y, con toda sinceridad, enhorabuena por tu blog.
D13GO

Carmen González - Llanos dijo...

No pensé que fuera a gustaros tanto ésto...pero GRACIAS :) Marcelo es verdad eso de que soy dueña de la mitad de lo que escribo jaja... Diego me ha encantado tu reflexión sobre la libertad, es algo que comparto plenamente contigo :P hazte ya blog y dejate de fotologs!!! un besazo a todos